LINEAS PARALELAS

La vi pasar cuando en el horizonte moría el ocaso.

Se escondía detrás de una sonrisa absurda,
Como escapando de la alegría, pero pude ver su mirada en mi mirada, justo en el instante que no la miraba.

Y de repente, un excitante escalofrío empezó a trepar por mi espalda, llegando a cada íntima fibra de mí ser.

Pude ver la sombra de su boca cuando cruzó desnuda el río, y cuando un ave se posó en su hombro, y cuando la luna le dijo que sería sirena y que por sus ojos hablaría del deseo.

La vi volver cuando el aire se volvía niebla.

Se hizo brisa su pasión entre los árboles sembrados sin rocío, yo tomé su cuerpo para incluirlo entre mis poros. La amé sin tapujos ni ceremonias.
Como sin sentir la lluvia debajo de ella.
Y de repente, justo en el momento que tocaba su falda, una voz desconocida que cantaba soledades me invito a su rutina y me fui detrás de su silueta, enamorado y perdido
LINEAS CONCENTRICAS

Al final de la noche solo se escuchaba un sordo murmullo, no se si eran tus besos detrás de mis sentidos, como puertas que se abrían a las ansias, como si fueran gemidos de luces, que brillaban sin silencio.

Yo, que fingía dormir mientras lamía el sudor que escapaba de tu cuello, quise inventar mas segundos para decidir si suicidarme en tu boca, o dejarme ahogar en el torrente de lava que gota agota se posaba en tu zapato.

No quiero tejer imposibles ni reciclar mis ganas entre tus muslos, solo sorber la inocencia de tus labios, escarbar en cada vicio escapado de tus entrañas y revivir la lujuria de tu lengua cuando nubla mi razón después de cada aliento.

INDECISION

Decías que si pero no decías cuando.

Mientras yo llenaba mi cama de olvidos y transparencias,
de fuegos rotos y amalgamas en blanco y negro.

Decías que si pero no decías cuando.

Y mi cuerpo se embriagaba de oscuras imágenes,
De ti saliendo del agua, bañándote del viento, recorriendo tu piel.

Decías que si pero no decías cuando,

Y dejaste que mis ganas fueran a la deriva,
Dejaste que mis labios se helaran a la intemperie,
Dejaste que mis deseos echaran raíces entre mis manos.
IRONIA

La mujer que dormía desnuda en el jardín, tenía un sabor extraño.

Insípido e incoloro, como a especias muertas, a raíces húmedas.
Tenía el sabor de un adiós y del detalle con que se guarda un secreto.

Sabía como sabe el sol cuando llueve.
A sexo incierto.

Sabía al placer que se inhala, al olor que cubre la nostalgia.
A la pasión derramada en cada vaivén.

Sabía a la inocencia intrínseca que ardía entre sus piernas.
Al color inerte que cuelga de las sombras de la noche.

La mujer que dormía desnuda en el jardín, tenía un sabor incoherente.
De recuerdos luctuosos, de alegrías enterradas.
Tenía el sabor de un idioma mal escrito entre ayes de lujuria y pasajes subterráneos.

Sabía a la ilusión que se pierde.
Al deseo que se escapa entre los dedos.

Sabía como sabe un beso que se niega, una boca que se rechaza, al gemido delirante que enmarca una piel sin caricias.