Cuando las miradas furtivas se encuentran en pasillos oscuros, entre blancas sabanas.
Cuando el calor sube hasta el extremo de vaporizar alientos.
Cuando los deseos que nos hacen soñar se hacen palpables.
Cuando las ganas revueltas con el tiempo realizan las ilusiones.
Cuando el anhelo deja de ser intento para tornarse pasión.
Cuando la lluvia en la tarde de tormenta y el vaivén de las olas conspiran.
Cuando el fuego que nos va envolviendo reduce a cenizas las caricias.
Cuando ese aroma que emana de ti y el sabor de tus entrañas se complementan.
Cuando las palabras incoherentes y los gemidos de lujuria, flotan sobre las pieles que el instinto vuelve fosforescentes.
Cuando un beso en silencio, es unas veces exceso y otras veces poca cosa.
Cuando tu sexo es mi alimento, tus pechos mi aderezo y tus labios fuentes de miel.
Cuando la dureza con que despierto y la humedad con que me sueñas se hacen uno.
Cuando el placer por sentirnos es todo el universo que existe.
El mundo conocido cambia de formas, se vuelve piso, mesa, cama.
Y mis ansias por ti, duran para siempre.
CIEGA
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Desde el instante que entró a su vida y a su cama, ella sintió que él era su dueño.
La relación era buena, basada en amor y confianza. Él le pidió que adelgazara un poco, que se dejara crecer el cabello y que asistiera menos a la iglesia para que pudieran pasar más tiempo juntos. Al principio, los cambios fueron difíciles para ella, pero aceptaba por el bien del noviazgo. Cada mes era algo nuevo, la forma de vestir, las amigas que no le gustaban, etc.
Ella se transformó totalmente por él, aunque no se sentía muy cómoda con su nuevo físico, sobre todo si tomaba en cuenta que sus pocos amigos le decían lo cambiada que estaba. Incluso en la intimidad, todo era diferente. De aquellos momentos llenos de ternura y amor ya no quedaba nada. Por complacerlo, llegó a permitir que mas de un par de manos, la acariciaran a la vez.
Pasado un tiempo, él le dijo que se iban a separar, pero ella no estaba dispuesta a perderlo, lo tenía metido en la sangre, no sabría vivir sin el, era lo único que poseía.
Una noche, durante la cena, ella lo durmió con una bebida, lo encerró en el sótano y lo dejó allí atado. Para los demás él se había marchado, pero para ella era el principio de su nueva vida.
Dariana Fernández
CEMENTERIO
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El hombre, caminaba despacio arrastrando los pies, miraba al cielo y sentía que la noche lo acompañaba. Se detuvo frente a la verja. El antes negro y orgulloso portón, ahora gris y oxidado, hacía milagros de equilibrio en una sola bisagra. Empujó y abrió. Un doloroso chirrido lastimó el silencio. El hombre, miró con pena la verja y sonrió con tristeza, recordando el día que fue montada. El tiempo no pasaba en vano y él lo sabía más que nadie.
Entró y cerró sin mirar atrás, llegó a una casi derruida caseta, sacó una pala y una azada y las contempló como si fueran sus propios brazos. Si, eran parte de él después de tantos años de uso.
Era una noche tranquila, de brisa tibia y suave, que parecía susurrar cuando pasaba a través de las ramas inquietas de los eternos árboles que poblaban el camposanto. Un hedor ya no desagradable invadía sus fosas nasales. Estaba acostumbrado. Lo que antes le causaba miedo ahora convivía en su interior, como sus venas, como su sangre. Sentado en una desvencijada silla de plástico y mientras quitaba el sucio acumulado en las herramientas, con bruscos movimientos que podrían parecer caricias o bofetadas, miraba a su alrededor. Cruces, lapidas, panteones, flores secas, vasos con aguas y velas a medio consumir, parecían darle la bienvenida con una sonrisa invisible. Lo conocían, lo recordaban, lo esperaban. Es quien hiere la tierra y la hace gemir. Hacer llorar la tierra, hacía ya mucho tiempo que había dejado de ser un trabajo. Ya no la golpeaba con furia y saña, ya no se enfadaba con ella, cuando su dureza lo hacía sudar. Ahora parecía pedir perdón con cada picazo y ella lo disculpaba dejándose abrir las entrañas. Cuantas memorias dormían entre el mármol, el cemento y el yeso. Había visto tantas lágrimas, escuchado tantas maldiciones, tantos por qué, tantas preguntas sin respuesta. Los sepulcros se habían convertido en tiranos, en genios de fantasía que renunciaron a conceder deseos, en ladrones de alegrías, en opresores de corazones. Dejó de filosofar, cuando un extraño dolor que lo paralizó, subió de repente por su pierna izquierda y se concentró en su cadera, pero no se detuvo ahí y recorriendo el brazo del mismo lado llegó hasta el pecho y le impidió respirar. No podía moverse, trató de gritar y de su boca solo salió una bocanada de aire pesado. Cayó al suelo, con los ojos abiertos, pero sin mirar.
En el lugar donde reinaba la muerte, el hombre había dejado su vida, el cementerio en forma de existencia, sin tomar en cuenta días, horas o segundos, acababa de cobrar, una vez más, su salario.
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on 4 feb 2010
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DECISION DEFINITIVA
Hoy no escribiré poemas, hoy cerraré mis cuadernos, romperé la punta de mi lápiz, vaciaré la tinta de mi pluma y la llenaré de sangre, te ubicaré bajo la ventana y dejaré que la lluvia te interrumpa, que la humedad te libere, que cada poro absorba la intensidad de mi aliento.
Hoy no hablaré de ti, ni del fuego incoloro que reactiva mis ganas,
No contaré pétalos de rosas sin espinas, ni le pediré consejo a la lujuria para llenarte de gozo y placeres que al final sucumben la noche.
Sin excusas ni prejuicios hoy inventare nuevas palabras entre tus piernas.
Hoy abrazaré la espuma, y cubriré tu cuerpo con fresca pasión de mayo, con ambrosías etéreas, hoy serás mi alimento, hoy beberé tu alma y dejaré tu piel a la intemperie del deseo que inspiras, del anhelo que escapa de tu copa, hoy haré de tu cuerpo un recipiente a mi manera.
Hoy pariré soledades, me masturbaré en nombre de las tinieblas de tus pechos, del alarido eterno que se recicla en tu boca y aprovecharé para manchar de semen tus negros labios, hoy es día para llorar silencios, para exprimir corazones, para explorar cavidades en uno y otro sentido.
Hoy seré rey de tus espacios, monarca irreal de tu entrepierna, asesino de tu inocencia, quien bajo la tormenta limará tus colmillos, hoy beberé el rocío de tu lengua, hoy abriré tu vientre y veré escapar gota a gota cada recuerdo de mi tiempo contigo, hoy es ahora, es ayer, es mañana.
DIMENSION DESCONOCIDA
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La señorita Lys tenía un defecto,
Ella que poseía el don de la palabra.
Podía contar historias basadas en la ambigüedad del infierno, en lo básico de un intento, en lo desalentador del futuro, en la furia del color rojo, en la grandeza del dolor, en lo enigmático de un gemido, en el tamaño de un suspiro.
Escribía: Poemas de amor entre árboles, de la pureza del frío, de la gastronomía del deseo, del ansia a veces escondida en una mirada, de la no siempre elocuencia del silencio, de la jactancia del coito, de la perfección de un gesto, de lo emotivo de una gota, de la dificultad del camino al corazón.
Inventaba mundos donde moraban espinas envueltas en seda, donde el onanismo era una copa derramada, donde un beso consumado era un beso consumido, donde el calor se media con la vara de las ganas, donde el sexo se comía las esperanzas, donde la incongruencia fumaba soledades, donde puñalada era sinónimo de orgasmo.
Ella vivía la tentación de una caricia, lo erótico existente en la saliva, lo maravilloso de una lengua en los resquicios de su cuerpo, el grito de un pezón en almíbar, un clítoris entre sollozos, la imagen desnuda de una sombra, la opacidad de los espejos rotos, su silueta estremecida, una pasión vestida de domingo.
La señorita Lys tenía un defecto,
Ella que poseía el don de la palabra,
Ella no tenía quien la escuche,
Ella hablaba sola.
Ella que poseía el don de la palabra.
Podía contar historias basadas en la ambigüedad del infierno, en lo básico de un intento, en lo desalentador del futuro, en la furia del color rojo, en la grandeza del dolor, en lo enigmático de un gemido, en el tamaño de un suspiro.
Escribía: Poemas de amor entre árboles, de la pureza del frío, de la gastronomía del deseo, del ansia a veces escondida en una mirada, de la no siempre elocuencia del silencio, de la jactancia del coito, de la perfección de un gesto, de lo emotivo de una gota, de la dificultad del camino al corazón.
Inventaba mundos donde moraban espinas envueltas en seda, donde el onanismo era una copa derramada, donde un beso consumado era un beso consumido, donde el calor se media con la vara de las ganas, donde el sexo se comía las esperanzas, donde la incongruencia fumaba soledades, donde puñalada era sinónimo de orgasmo.
Ella vivía la tentación de una caricia, lo erótico existente en la saliva, lo maravilloso de una lengua en los resquicios de su cuerpo, el grito de un pezón en almíbar, un clítoris entre sollozos, la imagen desnuda de una sombra, la opacidad de los espejos rotos, su silueta estremecida, una pasión vestida de domingo.
La señorita Lys tenía un defecto,
Ella que poseía el don de la palabra,
Ella no tenía quien la escuche,
Ella hablaba sola.
LOCURA
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LOCURA EN PRIMERA PERSONA
Conocí a la señorita Lys cuando yo trabajaba como médico interno en un hospital psiquiátrico, “Centros de salud mental” les llaman ahora. Por supuesto, Lys no era su nombre real, pero era como le gustaba que la llamaran.
Irónicamente ella era una de las personas que ponía notas de cordura en un lugar como ese. Según mis investigaciones tenía más de veinte años allí. Los doctores, enfermeras o empleados más viejos no sabían como había llegado o por que razón se había degradado su mente, hasta el extremo de creerse algunas veces invisible, invencible, una flor, un trozo de tierra o un rayo de sol, todo dependía de su estado anímico-emocional cuando se levantaba.
Tenía antecedentes de agresión sexual al personal sin distinción de sexo, se orinaba en cualquier rincón, decía malas palabras, se desvestía o se masturbaba en publico, especialmente los días de visita, tomando en cuenta que ella no recibía ninguna.
Recuerdo algunas de esas veces, cuando me la encontraba en los pasillos a la hora del desayuno. Solía aparecerse de repente, como si surgiera de las paredes.
-¡Buenos días doctor!- creo que anoche me sodomizó un ángel, aun siento el frío de sus alas en mi espalda, estoy segura de que era un ángel, susurraba palabras en sánscrito y hebreo antiguo según se esforzaba por penetrarme.
Todo esto lo decía en un tono muy confidencial, restregando una mano en su trasero a modo de supuesto alivio y luego se marchaba rápidamente antes de que le formulara cualquier pregunta.
No era mi paciente así que no la tenía entre mis consultas diarias, pero cuando estaba de guardia mas de una vez tuve que enfrentar su léxico y su semántica, su morfología extraña y llena de casualidades imposibles, era un caso que me llamaba la atención, algunas veces su lucidez era impresionante, se notaba que era una mujer aun hermosa a pesar de su estado, cerca de cuarenta años, con una cultura y educación no aptas para todos.
Otras veces improvisaba discursos en medio del patio del hospital, cualquier tema era bueno siempre y cuando ella fuera la protagonista.
Gritaba en voz alta, como político en sucia campaña.
-Vengan, acérquense todos, hoy es el día de conocer la verdad y los misterios, se me ha dado el don de predecir el pasado, he visto en sueños el origen de la vida, el verdadero camino de la muerte, yo se donde van las almas cuando dejan el cuerpo. Soy reina del agua y de cielos azules. Vengan a escuchar plegarias por las almas de los infieles, por esos que convierten el agua en sangre, por los que rezan día a día.
Soy contadora de historias de mundos nunca descubiertos, cazadora de demonios, soy filosofa de nuevas ciencias, soy quien decide el destino de cada ser viviente.
Hoy tengo conmigo el poder del infierno, vean como los cielos se abren ante mis pasos, jajaja, rindan pleitesía a la diosa de lo imposible, incultos y enajenados vasallos, pútrida masa de infelices ignorantes, arrodíllense a mis pies.
Gritaba durante horas, por suerte nadie le hacia caso, solamente cuando la inexistente multitud la envolvía con su eterno silencio entonces ella también callaba, se daba la vuelta y con la elegancia innata de una reina se iba a su habitación.
Otras veces lloraba por horas, sollozaba en los rincones maldiciendo su destino, en momentos como esos su mente se abría a la esperanza de una cura, me hacia pensar en que no era tarde para su recuperación mental. Hablaba de su familia pero sin dar detalles que indicaran quienes eran o donde vivían.
-Mi padre me llevaba en su barco a ver las islas griegas, mi madre bordaba y tomaba el te con sus amigas, navegábamos por el mediterráneo, visitábamos los puertos mas famosos del mundo, teníamos una vida envidiable pero yo solo quería vivir la mía con un cargador de muelle o un vendedor de frutas de cualquier mercado. El hablaba con grandes empresarios y príncipes mientras yo hacía el amor con el jardinero o con el que pintaba las paredes del invernadero. Decía que quería lo mejor para su niña. Mi hermosa jaula de oro era mi cárcel.
Mis actos y decisiones fueron la ruina social de mi familia, era algo inaceptable e inconcebible para él, yo no era digna de su apellido, así que este lugar fue mi nuevo hogar para arreglar mi comportamiento, al principio lo odiaba pero ahora se que es todo lo que tengo. Ustedes son mi familia, no hay nada más que decir.
Lys repetía las historias como si las tuviera grabadas a fuego en su cabeza, cada palabra, cada expresión, cada gesto, todo era idéntico a lo anterior, no perdía ni una letra, al terminar se iba a su habitación a esperar la hora de la siguiente comida.
Ahora vestida como una prostituta, con falda muy corta, blusa de tirantes y altas botas negras, sentada en un banco del patio trasero a la hora del descanso vespertino, Lys se preparaba para asumir el rol de uno de sus personajes, conminaba a los demás internos a acercarse a ella con palabras insinuantes.
-¡Hola buen mozo! Soy la mejor y no cobro caro. Y le enseñaba los pechos.
-Hoy quiero un hombre que lo tenga grande.
-¡Mira! ¡Psss, A ti!, te lo hago mejor que tu mujer porque soy más puta que ella.
-¡Coño! ¿Dónde están los hombres de esta maldita ciudad? ¿No hay nadie que me quiera romper por dentro?
A sabiendas de que nadie le hacía caso, se ponía de pie, se abrazaba a una de las columnas, lamía la misma en obsceno gesto y movía la pelvis en un suave y sensual vaivén contra el concreto, observando a todos los que pasaban con lujuriosa mirada.
Sus cambios emocionales duraban una décima de segundo, por un momento tenia en su cara el mas atroz gesto de furia y al siguiente la mas apacible expresión angelical de un recién nacido.
Y que decir de esos días en que su mente la convertía en una poetisa burgués, no se de donde sacaba tantos accesorios, parecía mas bien una actriz interpretando diferentes papeles, ahora su vestimenta eran unas gafas de sol enormes, un largo vestido y un sombrero de tela a juego. Su escenario esta vez fue la recepción del hospital, las enfermeras y visitantes fueron las victimas esta vez de su diatriba.
Gesticulaba y danzaba alrededor de todo el que se movía mientras recitaba.
“La luna parió esplendores cuando el sol le dio la espalda,
El aire gimió en los límites del universo y se dio la vuelta espantado,
Cambió el viento de rumbo y la brisa ligera acarició mis mañanas,
El polvo envolvió mi imagen y mi semejanza y bendije los colores de cada mariposa, de cada flor sin pétalos, de cada arco iris después de la tormenta.
La lluvia escaló hasta mis pechos y mi alma se partió en dos trozos, uno se lo di a las hadas para que confíen en los sueños,
El otro lo entregué a las pasiones, para saldar la deuda con mi propio yo”.
A veces eran cosas como esta:
-Doctor, anoche soñé que Dios me ordenaba que me arrancara el corazón y se lo echara a los perros y luego venía Lucifer con su capa roja y su pequeño pene a coser mi sombra a mis pies, ese estúpido creía que yo era Peter pan, jajaja.
Si pudiera publicarse todo lo que escribía y narraba Lys, el libro con solo decir que lo escribió una “loca” sería un éxito seguro. No se de donde sacaba tantas ideas, cada mañana era una experiencia renovada con esta mujer, un constante desafío para los doctores que la trataban. Nosotros hicimos una especie de amistad, para mi era fascinante estar con ella, a lo mejor me enamoré, quien sabe, me lo pregunté muchas veces pero no supe darme una respuesta satisfactoria y a pesar de su comportamiento nunca hizo nada inapropiado conmigo, como si conociera las líneas del respeto, al menos eso me pareció. Un día llegué al hospital y me sorprendió la noticia de que Lys había sufrido un desmayo la noche anterior, pasé a verla y aun estaba sedada, el médico que la atendía me dijo que estaba bien, que no presentaba peligro alguno su estado pero que estaría en observación hasta el día siguiente. Pero no hubo día siguiente para ella, jamás despertó, una aneurisma cerebral fue la causa, tuvo una caída en el baño y nadie se dio cuenta, el golpe fue tan leve que no dejó marcas físicas visibles, pero le causó un hemorragia interna.
Una especie de sonrisa de podía ver en su cara, al mismo tiempo que la huella de una lágrima que escapo de su ojo izquierdo, habría dado mi vida por saber que pensamiento ocupaba su mente en ese instante. ¿Llorar y reír a la vez? ¿Locura y cordura? Dos caras de la misma moneda. La dirección del hospital ordenó su cremación en una conocida funeraria, era lo que se hacia con los pacientes sin familia que dependían de la institución. Muy pocos asistieron al acto del sepelio, algunos doctores, enfermeras y empleados del hospital en quienes dejó muchas huellas. Yo renuncié a mi puesto, es como si solo su presencia me hubiese permitido estar allí, sin ella ahora nada tenia sentido, me mudé a otra ciudad, quizás para olvidar pero lo más probable es que lo hiciera para recordar.
Conocí a la señorita Lys cuando yo trabajaba como médico interno en un hospital psiquiátrico, “Centros de salud mental” les llaman ahora. Por supuesto, Lys no era su nombre real, pero era como le gustaba que la llamaran.
Irónicamente ella era una de las personas que ponía notas de cordura en un lugar como ese. Según mis investigaciones tenía más de veinte años allí. Los doctores, enfermeras o empleados más viejos no sabían como había llegado o por que razón se había degradado su mente, hasta el extremo de creerse algunas veces invisible, invencible, una flor, un trozo de tierra o un rayo de sol, todo dependía de su estado anímico-emocional cuando se levantaba.
Tenía antecedentes de agresión sexual al personal sin distinción de sexo, se orinaba en cualquier rincón, decía malas palabras, se desvestía o se masturbaba en publico, especialmente los días de visita, tomando en cuenta que ella no recibía ninguna.
Recuerdo algunas de esas veces, cuando me la encontraba en los pasillos a la hora del desayuno. Solía aparecerse de repente, como si surgiera de las paredes.
-¡Buenos días doctor!- creo que anoche me sodomizó un ángel, aun siento el frío de sus alas en mi espalda, estoy segura de que era un ángel, susurraba palabras en sánscrito y hebreo antiguo según se esforzaba por penetrarme.
Todo esto lo decía en un tono muy confidencial, restregando una mano en su trasero a modo de supuesto alivio y luego se marchaba rápidamente antes de que le formulara cualquier pregunta.
No era mi paciente así que no la tenía entre mis consultas diarias, pero cuando estaba de guardia mas de una vez tuve que enfrentar su léxico y su semántica, su morfología extraña y llena de casualidades imposibles, era un caso que me llamaba la atención, algunas veces su lucidez era impresionante, se notaba que era una mujer aun hermosa a pesar de su estado, cerca de cuarenta años, con una cultura y educación no aptas para todos.
Otras veces improvisaba discursos en medio del patio del hospital, cualquier tema era bueno siempre y cuando ella fuera la protagonista.
Gritaba en voz alta, como político en sucia campaña.
-Vengan, acérquense todos, hoy es el día de conocer la verdad y los misterios, se me ha dado el don de predecir el pasado, he visto en sueños el origen de la vida, el verdadero camino de la muerte, yo se donde van las almas cuando dejan el cuerpo. Soy reina del agua y de cielos azules. Vengan a escuchar plegarias por las almas de los infieles, por esos que convierten el agua en sangre, por los que rezan día a día.
Soy contadora de historias de mundos nunca descubiertos, cazadora de demonios, soy filosofa de nuevas ciencias, soy quien decide el destino de cada ser viviente.
Hoy tengo conmigo el poder del infierno, vean como los cielos se abren ante mis pasos, jajaja, rindan pleitesía a la diosa de lo imposible, incultos y enajenados vasallos, pútrida masa de infelices ignorantes, arrodíllense a mis pies.
Gritaba durante horas, por suerte nadie le hacia caso, solamente cuando la inexistente multitud la envolvía con su eterno silencio entonces ella también callaba, se daba la vuelta y con la elegancia innata de una reina se iba a su habitación.
Otras veces lloraba por horas, sollozaba en los rincones maldiciendo su destino, en momentos como esos su mente se abría a la esperanza de una cura, me hacia pensar en que no era tarde para su recuperación mental. Hablaba de su familia pero sin dar detalles que indicaran quienes eran o donde vivían.
-Mi padre me llevaba en su barco a ver las islas griegas, mi madre bordaba y tomaba el te con sus amigas, navegábamos por el mediterráneo, visitábamos los puertos mas famosos del mundo, teníamos una vida envidiable pero yo solo quería vivir la mía con un cargador de muelle o un vendedor de frutas de cualquier mercado. El hablaba con grandes empresarios y príncipes mientras yo hacía el amor con el jardinero o con el que pintaba las paredes del invernadero. Decía que quería lo mejor para su niña. Mi hermosa jaula de oro era mi cárcel.
Mis actos y decisiones fueron la ruina social de mi familia, era algo inaceptable e inconcebible para él, yo no era digna de su apellido, así que este lugar fue mi nuevo hogar para arreglar mi comportamiento, al principio lo odiaba pero ahora se que es todo lo que tengo. Ustedes son mi familia, no hay nada más que decir.
Lys repetía las historias como si las tuviera grabadas a fuego en su cabeza, cada palabra, cada expresión, cada gesto, todo era idéntico a lo anterior, no perdía ni una letra, al terminar se iba a su habitación a esperar la hora de la siguiente comida.
Ahora vestida como una prostituta, con falda muy corta, blusa de tirantes y altas botas negras, sentada en un banco del patio trasero a la hora del descanso vespertino, Lys se preparaba para asumir el rol de uno de sus personajes, conminaba a los demás internos a acercarse a ella con palabras insinuantes.
-¡Hola buen mozo! Soy la mejor y no cobro caro. Y le enseñaba los pechos.
-Hoy quiero un hombre que lo tenga grande.
-¡Mira! ¡Psss, A ti!, te lo hago mejor que tu mujer porque soy más puta que ella.
-¡Coño! ¿Dónde están los hombres de esta maldita ciudad? ¿No hay nadie que me quiera romper por dentro?
A sabiendas de que nadie le hacía caso, se ponía de pie, se abrazaba a una de las columnas, lamía la misma en obsceno gesto y movía la pelvis en un suave y sensual vaivén contra el concreto, observando a todos los que pasaban con lujuriosa mirada.
Sus cambios emocionales duraban una décima de segundo, por un momento tenia en su cara el mas atroz gesto de furia y al siguiente la mas apacible expresión angelical de un recién nacido.
Y que decir de esos días en que su mente la convertía en una poetisa burgués, no se de donde sacaba tantos accesorios, parecía mas bien una actriz interpretando diferentes papeles, ahora su vestimenta eran unas gafas de sol enormes, un largo vestido y un sombrero de tela a juego. Su escenario esta vez fue la recepción del hospital, las enfermeras y visitantes fueron las victimas esta vez de su diatriba.
Gesticulaba y danzaba alrededor de todo el que se movía mientras recitaba.
“La luna parió esplendores cuando el sol le dio la espalda,
El aire gimió en los límites del universo y se dio la vuelta espantado,
Cambió el viento de rumbo y la brisa ligera acarició mis mañanas,
El polvo envolvió mi imagen y mi semejanza y bendije los colores de cada mariposa, de cada flor sin pétalos, de cada arco iris después de la tormenta.
La lluvia escaló hasta mis pechos y mi alma se partió en dos trozos, uno se lo di a las hadas para que confíen en los sueños,
El otro lo entregué a las pasiones, para saldar la deuda con mi propio yo”.
A veces eran cosas como esta:
-Doctor, anoche soñé que Dios me ordenaba que me arrancara el corazón y se lo echara a los perros y luego venía Lucifer con su capa roja y su pequeño pene a coser mi sombra a mis pies, ese estúpido creía que yo era Peter pan, jajaja.
Si pudiera publicarse todo lo que escribía y narraba Lys, el libro con solo decir que lo escribió una “loca” sería un éxito seguro. No se de donde sacaba tantas ideas, cada mañana era una experiencia renovada con esta mujer, un constante desafío para los doctores que la trataban. Nosotros hicimos una especie de amistad, para mi era fascinante estar con ella, a lo mejor me enamoré, quien sabe, me lo pregunté muchas veces pero no supe darme una respuesta satisfactoria y a pesar de su comportamiento nunca hizo nada inapropiado conmigo, como si conociera las líneas del respeto, al menos eso me pareció. Un día llegué al hospital y me sorprendió la noticia de que Lys había sufrido un desmayo la noche anterior, pasé a verla y aun estaba sedada, el médico que la atendía me dijo que estaba bien, que no presentaba peligro alguno su estado pero que estaría en observación hasta el día siguiente. Pero no hubo día siguiente para ella, jamás despertó, una aneurisma cerebral fue la causa, tuvo una caída en el baño y nadie se dio cuenta, el golpe fue tan leve que no dejó marcas físicas visibles, pero le causó un hemorragia interna.
Una especie de sonrisa de podía ver en su cara, al mismo tiempo que la huella de una lágrima que escapo de su ojo izquierdo, habría dado mi vida por saber que pensamiento ocupaba su mente en ese instante. ¿Llorar y reír a la vez? ¿Locura y cordura? Dos caras de la misma moneda. La dirección del hospital ordenó su cremación en una conocida funeraria, era lo que se hacia con los pacientes sin familia que dependían de la institución. Muy pocos asistieron al acto del sepelio, algunos doctores, enfermeras y empleados del hospital en quienes dejó muchas huellas. Yo renuncié a mi puesto, es como si solo su presencia me hubiese permitido estar allí, sin ella ahora nada tenia sentido, me mudé a otra ciudad, quizás para olvidar pero lo más probable es que lo hiciera para recordar.


