PECADO
7

ATADO A LA IRREALIDAD DE TU PIEL,
ME FUI AL LIMITE,
SUBI A LA CUMBRE Y EL ROCE DE TUS DEDOS ABRIO TUS LABIOS.

LA PENUMBRA DE TUS OJOS ILUMINO EL CAMINO,
Y ENTRE TUS MUSLOS, EL FANTASMA DEL DESEO VUELA INTRANQUILO BUSCANDO UN SUSPIRO, CONVERTIDO EN GEMIDO.

LA PORTADA DE MI LIBRO

PECADO
3

Estas ahi, en el rincon del recuerdo,
desnuda, desvalida.
A tu lado, las sabanas de esa cama que no te olvida y tanto te desea.
Te veo el cuerpo, que un dia fue invadido de besos marchitos y que ahora clama venganza de anhelos.

Que largas noches de gemidos y latigazos,
de alientos y suspiros,
de placeres abstractos e invisibles.

Tus pechos erguidos y moldeados por mis palmas,
con su corola que huye de la dulce carne de mi lengua.

Tus piernas largas y encogidas, conocedoras de mis dedos y estremecidas de mis caricias, que abiertas fueron puerta del sendero de mi perdicion.

Tu sexo infiel y absorbente,
triangular y humedo,
que goteando lujuria... me dio la espalda hasta el dia siguiente.

PECADO
4

SENTIRTE DUELE, DESEARTE INOCULA,

AMARTE IMPACTA, PROBARTE ARDE,

MOVERTE EXCITA, ACARICIARTE HUMEDECE,

VERTE AGONIZA, BESARTE ENREDA,

CONOCERTE ENVUELVE, EXTERIORIZARTE MATA.

PECADO

1

Quiero escuchar como el ocaso de mi tarde acaricia tu boca,
como late mi corazon entre tus pechos,
como se introduce lentamenta mi emocion entre tus sensaciones.

Como gotea el placer despues de la fatiga.

cruzar el lago de fuego que yace al final de tu espalda,
que culmina entre tus dedos y deshace tu lengua enferma de lujuria,

Quiero inmortalizar mis delirios de tu piel...

Lavarte de pasion todos los sentidos... todos.


MARIPOSA DE FUEGO


Entre luces y ruido buscaba su destino, la taberna semioscura la envolvia en su penumbra.


Una falsa sonrisa difuminaba su rostro, mostraba sus senos tatuados con ilusiones para llamar la atencion del marinero de turno.

Golpeada de recuerdos, su vientre estaba lleno de pasados escondidos, de esperanzas vanas, Cuantas manos habian dejado sus huellas entre sus poros?

Su caminar cadencioso entre tragos, eructos e insultos.

Sonoras palmadas se perdian al norte de su espalda, mientras balanceaba una bandeja, con vasos llenos de mal aliento.

El olor a humo llenaba sus ojos, Su boca de purpura doliente escondia una lengua con sabor a lagrimas cuando falseaba besos.

Se dormia en sus laureles fantaseando jardines y risas inocentes, el oportuno golpe de una bofetada le volvia la mente a su triste irrealidad.

Y arriba, en el cuarto sediento de jadeos y sudores, sobre el sonido incesante de los muelles de un colchon, se moria con los ayes y gemidos mentirosos, el dolor se hacia peso entre sus piernas, hasta que el sonido de unas manoseadas monedas hacia ecos de burla y muerte en su silencio.

LINEAS PARALELAS

La vi pasar cuando en el horizonte moría el ocaso.

Se escondía detrás de una sonrisa absurda,
Como escapando de la alegría, pero pude ver su mirada en mi mirada, justo en el instante que no la miraba.

Y de repente, un excitante escalofrío empezó a trepar por mi espalda, llegando a cada íntima fibra de mí ser.

Pude ver la sombra de su boca cuando cruzó desnuda el río, y cuando un ave se posó en su hombro, y cuando la luna le dijo que sería sirena y que por sus ojos hablaría del deseo.

La vi volver cuando el aire se volvía niebla.

Se hizo brisa su pasión entre los árboles sembrados sin rocío, yo tomé su cuerpo para incluirlo entre mis poros. La amé sin tapujos ni ceremonias.
Como sin sentir la lluvia debajo de ella.
Y de repente, justo en el momento que tocaba su falda, una voz desconocida que cantaba soledades me invito a su rutina y me fui detrás de su silueta, enamorado y perdido
LINEAS CONCENTRICAS

Al final de la noche solo se escuchaba un sordo murmullo, no se si eran tus besos detrás de mis sentidos, como puertas que se abrían a las ansias, como si fueran gemidos de luces, que brillaban sin silencio.

Yo, que fingía dormir mientras lamía el sudor que escapaba de tu cuello, quise inventar mas segundos para decidir si suicidarme en tu boca, o dejarme ahogar en el torrente de lava que gota agota se posaba en tu zapato.

No quiero tejer imposibles ni reciclar mis ganas entre tus muslos, solo sorber la inocencia de tus labios, escarbar en cada vicio escapado de tus entrañas y revivir la lujuria de tu lengua cuando nubla mi razón después de cada aliento.

INDECISION

Decías que si pero no decías cuando.

Mientras yo llenaba mi cama de olvidos y transparencias,
de fuegos rotos y amalgamas en blanco y negro.

Decías que si pero no decías cuando.

Y mi cuerpo se embriagaba de oscuras imágenes,
De ti saliendo del agua, bañándote del viento, recorriendo tu piel.

Decías que si pero no decías cuando,

Y dejaste que mis ganas fueran a la deriva,
Dejaste que mis labios se helaran a la intemperie,
Dejaste que mis deseos echaran raíces entre mis manos.
IRONIA

La mujer que dormía desnuda en el jardín, tenía un sabor extraño.

Insípido e incoloro, como a especias muertas, a raíces húmedas.
Tenía el sabor de un adiós y del detalle con que se guarda un secreto.

Sabía como sabe el sol cuando llueve.
A sexo incierto.

Sabía al placer que se inhala, al olor que cubre la nostalgia.
A la pasión derramada en cada vaivén.

Sabía a la inocencia intrínseca que ardía entre sus piernas.
Al color inerte que cuelga de las sombras de la noche.

La mujer que dormía desnuda en el jardín, tenía un sabor incoherente.
De recuerdos luctuosos, de alegrías enterradas.
Tenía el sabor de un idioma mal escrito entre ayes de lujuria y pasajes subterráneos.

Sabía a la ilusión que se pierde.
Al deseo que se escapa entre los dedos.

Sabía como sabe un beso que se niega, una boca que se rechaza, al gemido delirante que enmarca una piel sin caricias.

LA MUJER VAMPIRO vs EL HOMBRE LOBO

La palida luz de la luna se deslizaba tímida entre las ramas,

Solamente los jadeos y los gemidos eran audibles en la oscura noche,
Los cuerpos brillaban envueltos en sangre y sudor,Chasqueaban las bocas al besarse.
Mis garras se enterraban en su espalda,
Sus colmillos se perdian en mi cuello.
La batalla duraba ya un siglo.
De repente nuestros miembros se tensaron,
Anunciando la llegada del climax inminente.
La bala de plata de su lengua se hundio en mi pecho atravesando mi garganta,
Y la estaca de mi sexo al rojo vivo,
Se abria paso sin piedad entre sus piernas,Buscando su inexistente corazon.


LA MUJER DE LAS PUPILAS DE SAL



Escribí un poema que se difuminó en su boca,

Que se hizo humo en el fuego de sus labios,

Que cayó desde su lengua hasta el papel

Y mutiló su lujuria en cada sucia palabra mal expuesta.


TORMENTAS


Bajo el calor de un árbol,

Dos siluetas se estremecen,

Se refugian sin temor ante el ocaso,
Sudan sin pudor su nociva fiebre de invierno,

Se buscan con candor en las pupilas,
Se encuentran ávidas sus manos,

Son victimas del deseo milenario de sus pieles.

El se mueve a su negro abismo,
Ella grita en la cúspide de su fuego,

Se hacen uno en el fragor de la tormenta,
Que humedece sus sentidos poco a poco.

LA SIRENA QUE VENDIO SUS ALAS

Volando sobre el cieno que tiñó sus pasos y escalando las colinas de los infiernos dorados, Xális, la sirena que perdió sus ojos,
Resistía el calor cansado de la sombra del sol de las profundidades, El imbatible,
El que imponía los placeres a los pesares y las irremediables cadenas del silencio y los deseos, a los emotivos y calidos roces de las agujas.

Xális, la sirena que escondió su aliento,
Ser de extraña piel y sueños henchidos de estrellas, De colores sin tonos ni matices, solo un opaco reflejo en su espejo sin pasiones.

De mirada envenenada y virtuosa, sobrecogedora y altiva,
Como una flor que crece entre los místicos rincones de sus senos.
De sangre exaltada, De sexo que camina descalzo, De fuegos placenteros,
De huellas que viven desnudas.
Ella se internó en los rojos bosques de caricias pérfidas, En los troncos huecos de los gemidos,

Xális, la sirena que amarró sus ecos,
La que iluminó el vacío hermético de los olvidos,
Se escondió con miedo de los vientos fríos,
De las manos tersas como la arena,
Que raspaban el cielo como el esparto.

Caminó sin sentido y sin imagen,
Se arrastró hasta el último pozo de ilusiones,
Ese que engañaba la vista con la viciosa forma de un corazón profanado
Y bebió en él la fantasía de sus ojos mudos.

Y en un segundo de descuido inaceptable,
Cuando los espasmos eran iguales a las risas y los amores se confundían con estacas,
Murió Xális,
La sirena que para vivir,
Solo tuvo que vender sus alas.

LA LLEGADA

La noche caía despacio, parecía de esas noches que no querían llegar, de esos días en los que el sol se resistía a irse a dormir a su oeste simulado.
Yo esperaba. Desnuda aun. Con seis vestidos sobre la cama, indecisa sobre cual ponerme, aunque seguramente a él no le hubiese importado que no usara ninguno. A pesar de estar recién bañada, un fino sudor cubría mis poros. Me sentía agitada y nerviosa, como si fuese mi primera cita, no entendía lo que pasaba, pero creo que era la emoción de volverlo a ver, tenerlo a mi lado, sentirlo conmigo. Me paré frente a la ventana a mirar el exterior y encendí un cigarrillo para calmarme mientras veía los autos y las personas pasar como quien no espera nada. Me decidí por un vestido en seda color rojo que se pegaba a mí como segunda piel. Los tonos más oscuros en los lugares adecuados, pues no llevaba ropa interior. Me fui a la cocina, la cena estaba lista, fui al comedor a poner la mesa. Traje los platos, las copas y las bebidas. Mire el reloj y vi que aun faltaban quince minutos para que llegara así que me senté en el sofá a relajarme y mientras el tiempo se cumplía, me puse a fantasear sobre su llegada. Sonó el timbre y me apresure a abrir la puerta, ahí estaba él, con un ramo de rosas blancas y una botella de champagne, no podía dejar de mirarlo, mi sexo latió mas fuerte que mi corazón en ese momento y una deliciosa humedad se hizo dueña de mi interior. A pesar de mi deseo pude controlarme, me hice a un lado y lo invite a pasar, al cruzar frente a mi, su perfume causó estragos en mis ansias y un sórdido gemido pugnó en salir desde el fondo de mi ser. Se detuvo a observar la mesa y una media sonrisa me indicó que le agradaba, cerré la puerta y le quite las flores y la botella de las manos, se sentó en el sofá mientras me dirigía una ardiente mirada que por poco me hace sucumbir, pero si había esperado tanto, sería fuerte un poco mas. Ya en la mesa, mientras cenábamos, nuestras miradas estaban de encuentros constantes, la trivialidad de nuestra conversación iba a la par con nuestros pensamientos lujuriosos o por lo menos con los míos, no podía dejar de pensar en sus besos y sus caricias y en todo lo demás que vendría después.
A la hora del postre ya se había quitado la chaqueta, el helado flameado desaparecía por su boca a una velocidad impresionante y por un momento imagine que era mi boca la que estaba dentro de la suya. La verdad es que me sentía muy acalorada, mis eróticos pensamientos no me dejaban en paz y mi deseo se estaba diluyendo entre mis piernas. El se veía calmado, como si no le afectara nada de lo que sucedía, Aunque en realidad no estaba sucediendo nada que no fuera en mi mente. Se puso de pie y me tomo de la mano para irnos a la terraza donde la luna se nos presentaba en todo su esplendor, Su brillo nos envolvía como algo irreal y yo me esfumaba junto al humo de nuestros cigarrillos. No decíamos nada, solo nos mirábamos mientras nuestras manos unidas se contaban secretos. Después de un rato de mirar la noche perderse en sus misterios, De sentir el aire traer música incierta a nuestros oídos, y cuando ya mi cuerpo estaba a punto de estallar, el se decidió a besarme, fue un beso emotivo y a la vez, No se, quizás vulgar, pero no importaba, para mi fue el detonante de todos los orgasmos que había estado guardando durante toda la noche. Sus manos deslizaban los tirantes de mi vestido y yo me diluía colgada de sus labios. Cuando por fin sus dedos tocaron mis senos, algo estallo dentro de mi, fue como si el universo cambiara de forma. Aun con los ojos cerrados para no ver y solo sentir, pude notar mi desnuda piel como en una burbuja e sonidos, como de campanas llamándome al amor, al placer, al silencio. Un prolongado y a la vez intermitente ruido estaba llenado mis espacios, no quería despertar a la realidad, pero la verdad es que ese sonido me estaba sacando de la fantasía en la que me encontraba, decidí llevármelo a la intimidad de mi habitación. Abrí los ojos de repente, el ruido venia de la puerta, era el timbre, ¡Maldición! Me había quedado dormida y quien sabe el tiempo que llevaba tocándolo. Me apresuré a abrirle y lo primero con lo que me encuentro es un hermoso ramo de flores que me hizo sonreír y al mismo tiempo convirtió mi sonrisa en una mueca al ver la cara del portador, un joven desconocido que miraba una tarjeta y preguntaba:
- ¿Señorita…?
La respuesta afirmativa y la expresión de mi cara lo hicieron marcharse sin sazonar la idea de pedir propina. Entré al apartamento azotando la puerta y sintiendo el mundo caerme encima. Arrojé las flores, tomé la tarjeta que estaba entre ellas y leí a través de las lagrimas la estupida excusa de su ausencia. ¡Maldita Sea!

DESTINO


Yo caminaba despacio entre sus poros,

deseoso de cubrir su piel con mis caricias,

llevando entre mis dedos mis ansias dispuestas,

mis ganas decididas.

En mis labios, el placer ya convertido en besos

y un sexo que transformado en fuego hacía hervir de lujuria cada rincon,

cada espacio, cada gesto.

AZAR II

Ella esperaba desnuda
Con la piel envuelta en sedas de deseo
Con la mirada en silencio
Con la pasion erizando sus pechos
Anhelando mis manos
Muriendo sin mis besos