Puertas abiertas



Cae en mí,

como la noche que se hunde en mis efluvios.

Sortea con tu lengua mis deseos, que se pierda entre mis labios,

que pase más allá de donde grita tu clímax en silencio.
Hoy reconociste mi boca y la inundaste de néctares y un trozo de tu piel que brillaba anhelante,

me hacia guiños a escondidas y yo mordía su esencia,

como cuando dormía.

la mujer que hacia el amor con su sombra



Como describir su incierto sexo, poblado de nubes y de antiguos charcos, que anhelaba la insipidez de la noche en este sucio mediodía.
Como detener su deslizar por mis espirales, de oxidados pasamanos y viejos recuerdos, que invadían el cerco de mis labios en su cuello.
Ella jugaba con mis dedos en su refugio, la saliva acompañaba su cínica sonrisa, mientras yo me diluía en su silueta a la misma hora que se secaba su más húmedo sueño.

La doncella de los placeres

Entre los estáticos atajos de las veredas y los vestigios memorables de las pasiones, ella se repliega, se ensancha y se hace ubicua. Estremece su cuerpo ante la lujuria y se imprime huellas con dedos inconformes, los tropieza a propósito con juguetones pezones que responden alegres a la sensual caricia.
Conjugando su piel con sudor de medianoche, se hace tierna y seductora, espera su música y se deleita en sus arpegios. Es nocturna y oscura, como luna llena de verano, como estatua que se mueve al compás de las mareas, es única y es étnica, es abierta a los hechizos y hace vuelos indecentes en su escoba.
La doncella espera en su lecho de hojas y susurros, es mujer, esclava y cortesana, su desnudez despide un intenso aroma a mar. Su concha muestra la perla intocada, la que da la muerte en cada inmersión. Destila miel por sus fuentes, es vendaval de fuego que ruge, es delirio que estremece, es pasión que viene de dentro.
El fantasma de las ganas vaga solitario por sus piernas, el dolor ya quedó atrás, sus senos aun suspiran, en sus ojos brilla todavía la luz de la sed saciada, hay descuido en sus gestos, en su rostro una eterna sonrisa de satisfacción y como testigos silentes, tirados a sus pies, como fiera herida, sangre y placer envueltos con recuerdos.

El puente entre sus piernas


Tejiendo sombras de un pasado equivocado
Supo del silencio entre los escombros
Y así, disolviendo el placer en sus entrañas
Me complací con los ecos que estrenaban sus caricias.

La mujer de las pupilas de sal


Escribí un poema que se difumino en su boca
Que se hizo humo en el fuego de sus labios
Que cayó desde su lengua hasta el papel
Y mutiló su lujuria en cada sucia palabra mal expuesta.

Púas y Terciopelo


Ella salio en la noche, a buscar con quien desquitar el deseo, alguien que aliviara su piel lastimada, que pusiera freno al eco de sus callados gemidos, sin cervezas y sin caricias.

dulce muerte



Me esconderé en la imagen que rescata mi obituario, desde este momento la ilusión solo abrirá espacios entre mis manos.
Estoy harto de sordas y aládas esquelas, de amarillentos cuerpos humillados y resentidos, de almas heladas, de tentaciones vencidas que nos han incluido en sus vacíos moldes de abecedarios muertos.
Suicídate en mis memorias, muérete de ganas bajo el influjo total de la impureza de tus actos, inmólate con mis ansias y consúmete indolente ante la parquedad de mi insistencia, entiérrate conmigo en mi excelso cementerio y recibiremos juntos la bendición de nuestro epitafio.

Evolucion



De rodillas, ante tus ciénagas, me aislaré de tus mañanas y así no podrás convertirme de nuevo en especie.
Al despertar, he visto la consecuencia de extender mi clímax hasta la balsa que me libra de tu naufragio.
Por ti, he cambiado de piel, he limado mis implantes y me he tendido al sol para imaginarte sin deseos.
Ya no me importan tus silencios, no me excitan tus murmullos, me escaparé hasta la columna que limita en la frontera de tu orgasmo con el viento, para que ya no puedas envolverme de nuevo en tus instintos.

Todo o nada



Renaciendo al amor sin nombres ni apellidos
Y el delirio se queja en susurros a tu oído
Y las ansias se mecen en tus pétalos sin rosas
Y el destino pinta de plata tus pezones de madera
Y las ganas resbalan buscando el norte de tus gemidos.

demonios sin aureolas

Elevando las manos para tocar sus raíces, para descubrir que tiene dos infiernos en un solo corazón, se parece al gato negro que deambula por mis jardines, exhibiendo el oscuro fuego que late entre su mirada, colgando de la lujuriosa huella que deja tras mis pasos, sus garras manchadas de nonoxidol.

Reencarnación




De sublimes pasos hacia la nada, de emotivos roces a toda piel, hundirse en la tibieza de su natural refugio, de suaves rizos y aroma a noche de lluvia, de eso se trataba su regreso a la nueva vida.

Paraíso de látigos y cadenas



Con la desnudez cubierta de pieles, los ojos bajo negros matices y los escasos menguantes de tu luna, se une con tus milagros y las argollas de tus senos, la cicatriz formada en el rincón donde flotan tus cruces de cuero.

Vertigo



Ignoraste mi presencia y se repitió la historia de nuestros encuentros en sueños, donde solamente te desnudabas si la luz se hacia sombra y si la casualidad de mi sexo se hacia metal en tus manos.

Cataclismo

Ella se sienta con los ojos abiertos y masturba el corazón que late entre ellos, empapado de placeres y cinismo, se estimula las clitóricas lágrimas y las eyacula dentro del recipiente inmaculado que forman mis labios.

Piel compartida en el futuro del modo en que te inclinas

… y el eco de un susurro se deslizaba por la idílica pendiente de tu ola encrespada, inhalando recuerdos, hilvanando esencias. Y tú, reclinada al borde de mágicos alientos que cubren los poros de tu piel que espera.

Huellas de sangre


Buscando el incendio que convirtió tus pezones en cenizas, cuando lleno de gotas se cubría tu cuerpo y yo que quise beberlas todas al mismo tiempo.