
Me esconderé en la imagen que rescata mi obituario, desde este momento la ilusión solo abrirá espacios entre mis manos.
Estoy harto de sordas y aládas esquelas, de amarillentos cuerpos humillados y resentidos, de almas heladas, de tentaciones vencidas que nos han incluido en sus vacíos moldes de abecedarios muertos.
Suicídate en mis memorias, muérete de ganas bajo el influjo total de la impureza de tus actos, inmólate con mis ansias y consúmete indolente ante la parquedad de mi insistencia, entiérrate conmigo en mi excelso cementerio y recibiremos juntos la bendición de nuestro epitafio.



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