PIEDRAS DE SANGRE
Tu cuerpo con vocación de sombra, envilecido de madrugadas, que acuña besos de sabores inciertos, envenenado de silencios, cuenta las almas que se escapan de sus calvarios y revive en cada paso la distancia que se escurre entre tus poros y externa al mundo rituales secretos.
Tu cuerpo escondido en su siniestra superficie, en donde la lasciva caricia reina, en su limitado espacio se incorpora sediento de fuego, embadurnado de la saliva explicita de su deseo palpable y de los ecos maduros que mueren entre sus piernas, que ciegas se abrieron a mis embates jadeantes.
Tu cuerpo intacto, como acantilado ausente de olas, enfebrecido de esperas, de caricias presagiado, sensualmente
estremecido, desnudo, intimo, solitario, oscuro y tímido.
Perdido detrás de la estela de un orgasmo, que sangra lentamente mientras vuela con las alas de un gemido eterno.



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